casa-munecasArtículo de Josep Maria Fradera, publicado en El País el 08/07/2010.

No es necesario recurrir a la obra del gran dramaturgo noruego Ibsen, tan influyente en los medios intelectuales catalanes de principios del siglo XX, para percibir un suave perfume de adolescencia prolongada en las reacciones catalanas de estos días, el contrapunto a la sordera crónica en el resto del país.

Ahorraré al lector consideraciones de sobra conocidas sobre el significado de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Catalunya aprobado por las Cortes españolas. Lo más relevante desde mi perspectiva son las reacciones ante lo sucedido, ante lo previsible y esperable del planteamiento que lo provocó. El Estatuto fue redactado con el ánimo de superar las rigideces del sistema autonómico español, con una franca imprevisión de las reacciones que podía provocar y de las debilidades técnicas del propio texto. Rigideces indiscutibles que derivan de modo difícil de negar de la doble lectura posible, y constitucionalmente viable, de la Constitución Española como un artefacto constitucional descentralizador o proyecto de tendencia federal.

Como es obvio, no hay forma humana de ponerse de acuerdo sobre cuál de las dos almas de la Constitución deberá prevalecer en el futuro, aunque es igualmente obvio que lo que se conoce de la sentencia aboga sin recato por la lectura más restrictiva posible de la primera posibilidad, cercenando de raíz la segunda.

¿En qué sentido esto es así, al margen de nuevo del análisis pormenorizado de la poda realizada por el tribunal? Pues en un punto esencial: impedir que ninguna de las comunidades autónomas pueda tomar la iniciativa unilateralmente en la corrección/revisión de los márgenes que articulan la relación entre el todo estatal y las partes que lo forman. Lo perjudicial, desde un punto de vista doctrinal, no es que las instituciones centrales actúen conforme al papel que la Magna Carta les atribuye. La historia constitucional comparada muestra que una buena parte del estímulo democratizador (derechos de minorías, civiles y sociales) en los sistemas políticos procedió, en muchos casos, de la capacidad del centro del sistema para imponerse. El problema es que actúe como tapón de las partes, ahogando la necesaria capilaridad del sistema.

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Artículo de Javier Serrano
Que España está en crisis es algo que nadie duda. Las medidas adoptadas por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero tardan en dar frutos, y la economía del país, en palabras de Nouriel Roubini, es “una amenaza para la zona euro”. Sí, efectivamente, mi país se adentra en una etapa de lo más ominosa, y parece, a primera vista, que la solución no va ha ser fácil. Sin embargo, y aún sin saber economía, creo que las afirmaciones de Roubini son “partidistas”, y bien propias de un economista procedente de los EEUU, por antonomasia, rival económico del Euro y, por derivación, de la economía europea.

A mi ver el mayor lastre actual, tanto a nivel español como europeo, no son los políticos tanto como las instituciones. Por más que cambien “caras y bigotes” en el fondo se respira incompetencia e incultura, por lo que quizá fuera más productivo comenzar a hablar de “instituciones” y no de “nombres”. Definitivamente, creo que esta crisis es el momento ideal para una profunda reforma de nuestro país, y tal vez, también de Europa (como ya habrán podido comprobar, este post es producto de un ejercicio personal de confesión de ideas, sin mayor pretensión que ello, más siendo un profano en economía y en otras tantas ciencias).

Ojalá la reforma constitucional, tan presente en los discursos políticos actuales, se lleve a término. Obviamente, los peligros de tocar la “norma normarum” están ahí, destacando, para la clase dirigente, el miedo a que se pudiera elegir “otro” sistema político, o mejor dicho, otra organización. En la España actual sobran autonomías, y faltan territorios para volver a ser un país rentable en potencia. Es mi opinión, la España “grande y única” no tiene futuro, menos, aún, que la España “cúmulo de reinos taifas”.

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Artículo de Ignacio Sánchez-Cuenca, publicado en El País el 23/03/10. justicia-21

El Estado de derecho requiere que los jueces sean independientes y puedan tomar sus decisiones con autonomía y sin coacción. ¿Pero qué sucede si, siendo independientes, son parciales y actúan de acuerdo con principios ideológicos? Y, sobre todo, ¿qué hacer si los jueces tienen un sesgo ideológico claro, a favor de ciertas posiciones, que les lleva a enfrentarse a los poderes políticos representativos?
En Estados Unidos, quizá el país desarrollado en el que los jueces son más poderosos, ha habido conflictos terribles. La división del poder político en aquel país, entre las dos ramas del Legislativo y el Ejecutivo, o entre los varios niveles de gobierno propios de un sistema federal, deja amplio margen para que los jueces intervengan en cuestiones políticas. Hace dos meses, el Tribunal Supremo estadounidense decidió, por una estrecha mayoría de cinco jueces frente a cuatro, eliminar las limitaciones a la financiación de los partidos por las empresas, alegando que la regulación existente chocaba con el derecho constitucional a la libertad de expresión. Se trata de una sentencia política, que beneficia a los republicanos y que ha suscitado duras críticas por parte del presidente Obama. Una sentencia como ésta tiene graves consecuencias para la democracia norteamericana, pues da mayores facilidades de las que ya había para que el dinero distorsione el ejercicio de la representación política.
El caso más dramático de conflicto entre justicia y política en aquel país se produjo en los años treinta del pasado siglo, cuando el Tribunal Supremo se opuso a algunos proyectos legislativos fundamentales del New Deal de Roosevelt. Tras ser reelegido en 1936, Roosevelt decidió tomar cartas en el asunto y, con el pretexto de aliviar la carga de trabajo de los jueces, amenazó con aprobar una ley por la cual nombraría a tantos nuevos jueces como miembros mayores de 70 años hubiera en el Supremo. No hizo falta que la ley se aprobara. El mero anuncio bastó para que los jueces abandonaran su postura obstruccionista hacia las políticas del presidente.

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c1Artículo de Joan Ferran publicado en El País el 12/03/10.

La radio y televisión públicas catalanas están en período de atenta observación. Lo están, no solo por los cambios acaecidos merced la implantación de la TDT y las nuevas tecnologías, sino también porque algunos-legítimamente- cuestionan sus altos costos para el erario público. Y más en tiempos de crisis. En el caso de Catalunya la justificación, la razón de ser, de unos medios de comunicación en lengua catalana se inscriben en la necesidad de ofrecer un servicio público donde la normalización linguística ocupe un papel central. Es sabido y notorio que este aspecto cultural no lo garantizan suficientemente los medios de ámbito estatal. Hasta ahí nada que objetar pero si mucho que exigir. Los medios dependientes de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA) han de ofrecernos una mirada catalana, pero ideológicamente plural, de la realidad del mundo y del país. En este sentido urge conseguir un buen libro de estilo, un lenguaje y un universo conceptual en el que puedan sentirse cómodos la mayor parte de los ciudadanos catalanes independientemente de su opción política, religiosa o filosófica. En la actualidad ¿eso es así?. Hay quien opina que no, que aun imperan inercias del pasado. Por si ello fuera poco se ha presentado en sociedad un grupo de profesionales que se autodenominan “Control Ç” que pretende, desde las entrañas del ente, una “recatalanización” de TV3 y Catalunya Radio. Este colectivo abomina de lo que considera una deriva españolista de los medios catalanes (?), se lamenta de los criterios informativos de la casa llegando a cuestionar –por ejemplo- que TV3 informe de los partidos que juega el Sevilla en la Champions, dado que el club pertenece al ámbito de “lo español”. Fatal, la iniciativa me parece un intento burdo de convertir una radio y televisión nacional en un catecismo de sectario credo nacionalista cada vez más alejado del espíritu de servicio público que debemos exigir a todas las emisoras de la CCMA.
Recientemente hemos asistido a un intenso debate sobre el papel de la publicidad televisiva y sobre la conveniencia, o no, de sufragar las pérdidas económicas de lac cadenas autonómicas. Una de las condiciones sine qua non que en la actualidad permite justificar el modelo televisivo financiado por la Generalitat es, entre otras cosas, su acceso universal, el pluralismo y su condición de servicio público para todos. Todo ello implica una mayor ambición de crecimiento en nuevos sectores ciudadanos incorporando nuevas clientelas televisivas. El intento de reducir el marco referencial e informativo en nuestros medios deviene una mala receta que quizás satisfaga a unos pocos pero impedira a muchos otros sumarse a “la nostra”. En los manuales de lo que se ha llamado Guerra Fría una de las prácticas empleadas para debilitar al enemigo consistía en generar disidencias y críticas en su seno.¿Es ese el rol que quieren jugar algunos? ¿A quien benefician? Insisto, escorar la radio televisión pública catalana hacia planteamientos identitarios con universos simbólicos de marcado carácter ideológico refuerzan las tesis de los que abogan por su liliputación. La inmensa mayoría de los ciudadanos catalanes no está para estas zarandajas. Es sabido: los grupos “Ñ” y los “Ç” se retroalimentan; sobreviven en base a un mismo denominador común. La radio televisión pública o es abierta y plural , o dejará de ser.

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PATRIOTISMO

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Artículo de Augusto Klappenbach, publicado en el diario “Público”.matrioskas

 

 

 

Un fantasma recorre Europa: el fantasma del patriotismo. El Gobierno de Francia quiere “cultivar el orgullo de ser francés”. Después de abrir un gigantesco debate público sobre la esencia de ser francés, ha reunido un comité de sabios para dilucidar tan espinoso asunto, además de promover entre los estudiantes el canto de La Marsellesa y colocar banderas en las escuelas.Tal euforia patriótica probablemente tiene que ver con la masiva llegada de inmigrantes y, sobre todo, con el hecho de que ya no son necesarios por el aumento del paro. Para ellos se han endurecido considerablemente las condiciones que les permiten vivir en nuestra Europa: en varios países se les exige superar un examen, que no se limita al dominio del idioma, y firmar un contrato de integración. En Italia se pretende implantar un carné por puntos que, entre otras condiciones, exige estar al día en el pago de impuestos, condición que, por fortuna, no se le pide a su presidente. Y en España no faltan voces que propugnan medidas similares, como las que surgieron a raíz de la negativa de un pueblo catalán a empadronar inmigrantes sin papeles.Creo que el patriotismo es absolutamente respetable y hasta necesario como sentimiento: la relación afectiva que nos une con el lugar donde hemos pasado la infancia, donde hemos estudiado y nos hemos enamorado, donde vive mucha gente a la que queremos, es propia de toda persona sensible. Me parece sano preocuparnos por lo que sucede en nuestra patria, alegrarnos con sus éxitos y sufrir con sus desgracias. Y en un plano más superficial también es normal que formen parte de nosotros una serie de costumbres, de lugares y hasta de olores y de comidas. Incluso respeto –aunque comparto poco– la emoción de ver ganar a un equipo de fútbol o un tenista nacional. Esos son sentimientos. Y los sentimientos no se discuten: pueden resultarnos agradables o desagradables, podemos compartirlos o rechazarlos, pero es imposible aducir razones que terminen con ellos o que los hagan surgir. Si a eso se le quiere llamar patriotismo, no vacilo en declararme patriota.El problema se plantea cuando se pretende convertir a ese sentimiento en una virtud y sobre todo cuando se pretende que esa virtud sea obligatoria. Se supone entonces que la patria es una realidad en sí misma que no se reduce a un territorio, unas costumbres, un idioma y sobre todo a un conjunto de personas a las que queremos o que nos importan, sino que tiene una esencia propia, una realidad que no depende de la voluntad de los que vivimos en ella y que por lo tanto puede hasta pedir el sacrificio de vidas humanas, como ha sucedido tantas veces en la historia. Y como toda identidad se define por oposición a otras, tenemos ya el germen de la exclusión del extranjero, de la xenofobia y de la guerra.Pretender extraer del sentimiento patriótico consecuencias excluyentes, sean estas políticas, jurídicas y sobre todo militares, me parece un signo de decadencia. Reconozco que ese sentimiento patriótico puede jugar un papel positivo en algunas situaciones: la superación de los absolutismos en la Europa moderna, con la creación de los estados nacionales, tuvo un fuerte componente patriótico. Como también lo tiene la resistencia de pequeñas naciones ante la opresión de grandes potencias. Pero en rigor, lo que se juega en estos casos no es tanto el patriotismo cuanto la lucha por la igualdad y la justicia, que ellas sí merecen el calificativo de virtudes, porque se refieren a las relaciones entre seres humanos y no a entidades abstractas.En estos tiempos globalizados o posmodernos o como se les quiera llamar, me parece más urgente que nunca no caer en la trampa de anteponer el patriotismo a la justicia y a la igualdad. Porque el poder se va alejando cada vez más de los gobiernos de las naciones y pasando a una red de innumerables despachos anónimos que no pertenecen a ninguna patria, desde donde las grandes decisiones se toman sin necesidad de dar la cara, convirtiéndose por lo tanto en inmunes a toda crítica. Nada le conviene más a esos poderes anónimos que el hecho de que la gente esté entretenida reivindicando lenguas locales, banderas, estados nacionales y rótulos en uno u otro idioma, en lugar de plantearse la situación terrible en que está este pobre planeta, en el cual sólo una cuarta parte de sus habitantes come tres veces al día y dispone de medicinas y agua caliente. Y que hace años muestra una tendencia a aumentar la distancia entre quienes construyen la historia y quienes van quedando cada vez más fuera de ella. El patriotismo nacionalista, como postura política, como ideología, (insisto, no como sentimiento) reivindica lo peor del provincianismo. Y esto en un momento en que los problemas reales del mundo en que vivimos exigen más que nunca un enfoque universal, sobre todo porque recién ahora este enfoque es posible. Pero este es otro tema.

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Article de Maria José Fariñas Dulce, publicat a El Periódico.

 

 

 

 

Europa va desenvolupar durant segles un procés de secularització que ha anat donant lloc a l’existència d’estructures juridicopolítiques neutrals en matèria de credos, és a dir, estats que no es tancaven al voltant d’un sistema d’idees i principis una vegada per totes. Ara sembla que les declaracions d’alguns polítics europeus, així com l’aprovació d’algunes lleis, mostren una perillosa tendència a vincular una vegada més l’Estat no ja solament a una determinada concepció religiosa, sinó a unes concretes arrels ètniques. En aquesta deriva conflueix una regressió nacionalista amb una regressió identitària de caràcter ètnic. Una cosa que, per una altra banda, no és desconeguda a Europa. Reapareix, d’aquesta manera, una concepció romàntica del nacionalisme, basada en els lligams de sang, en el territori, en l’ètnia i en el ja conegut «esperit del poble» o en la «identitat nacional». El discurs i l’acció política de la nova dreta en la majoria dels països europeus estan posant en pràctica una estratègia per fomentar l’homogeneïtat etnicoreligiosa, cosa que representa una inquietant amenaça per a la tradició democràtica i pluralista d’Europa, per als seus ideals de llibertat i igualtat, així com per a la credibilitat de la universalitat dels drets humans.Es torna a sentir parlar de les «arrels cristianes d’Europa» amb un discurs frontista contra la cultura arabomusulmana, darrere del qual hi ha la intenció d’afirmar la superioritat del cristianisme per sobre de la suposada barbàrie i irracionalitat de l’islam. Això va unit a una manipulació dels sentiments populars barrejant-los amb ressentiments racistes i xenòfobs contra immigrants i minories en general, abocats injustament a competir per recursos tant públics com privats. Aquestes i altres afirmacions, així com l’aprovació de vergonyoses lleis que criminalitzen l’«immigrant irregular», tal com ha ocorregut a Itàlia, van creant un cert estat d’opinió hostil davant l’islam, especialment en els països que han estat i que són receptors d’immigrants musulmans. Aquesta hostilitat (islamofòbia) apareixeria, doncs, com una cosa natural, que justificaria les pràctiques de discriminació i exclusió social contra els musulmans (malgrat que es tracti de ciutadans que han nascut ja al país d’acollida, com en el cas dels mal anomenats immigrants de segona o tercera generació), així com les lleis incriminatòries contra els immigrants irregulars, que a vegades es veuen privats, fins i tot legalment, de qualsevol dret. Es torna a caure en el llenguatge maniqueu i estigmatitzador de l’«immigrant bo» (expressió que recorda aquella del «bon pare de família», pròpia dels codis civils decimonònics) enfrontat a l’«immigrant dolent», que òbviament ningú vol i al qual es converteix en sospitós de la comissió de qualsevol acte delictiu.Darrere d’això no només hi ha racisme, a vegades institucionalitzat i legalitzat, i xenofòbia, sinó també classisme i fins i tot masclisme.Aquestes no són les millors condicions per a la convivència de totes les possibles cultures. Si la laïcitat és un mètode per arribar a la convivència entre diferents, les tendències d’homogeneïtzació, així com d’hostilitat, cap a alguna cultura o cap a algunes minories no només no són un mètode adequat per a la convivència, sinó que expressen un contingut delictiu: la pulsió racista i xenòfoba que a més a més utilitza la identitat, en aquest cas, la defensa de la identitat nacional, com a mercaderia política.La identitat cultural o religiosa ni pot ni ha de separar-se de les condicions polítiques, socials i econòmiques de les persones. No sembla correcte que una autoritat del Govern francès recomani als joves musulmans, immigrants de segona o tercera generació, però ciutadans francesos, no ho oblidem, «que busquin feina», «que parlin correctament»… ¿I els joves no musulmans, es pressuposa positivament que fan això? Aquests debats tenen un objectiu clar, consistent a procurar que les persones s’oblidin de les conseqüències fatals de la falta de feina a les nostres societats desenvolupades (una cosa que segueix i seguirà incrementant-se a causa del fet irreductible de l’externalització laboral generada per la globalització econòmica), de les restriccions de drets derivades de la privatització de serveis públics essencials com l’educació o la sanitat, i d’un dels punts dèbils més grans del sistema capitalista de desenvolupament i acumulació incessant que és el canvi climàtic per les seves desastroses conseqüències en l’agricultura, en la generació de pobresa i en els desplaçaments massius de població arreu del món. Enfrontar les persones per la seva identitat cultural, ètnica o religiosa des dels discursos polítics, sovint amb finalitats electorals, demostra la incapacitat de l’acció política actual per construir un tipus d’identitat cívica, socialment i políticament oberta i, sobretot, la inoperància per generar expectatives socials i laborals davant la incertesa de la supervivència quotidiana.

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w-economia-crisisArtículo de Vicenç Navarro, publicado en el diario Público el 26/11/09.

 

 

Como consecuencia del desarrollo de las políticas públicas liberales realizadas desde comienzos de la década de los años ochenta (iniciadas por los gobiernos de Thatcher en Gran Bretaña y por el presidente Ronald Reagan en EEUU, y extendidas más tarde a la mayoría de países de la OCDE) hemos visto una espectacular concentración de las rentas en los sectores más pudientes de cada sociedad, produciéndose una enorme polarización entre los ricos y todos los demás. Así, en EEUU, en el año 1974, el 1% más rico de la población (que ingresaba como promedio 380.000 dólares al año), pasó a ingresar 1,4 millones de dólares en el año 2007 (después de descontar la inflación). Para el 90% de la población, el crecimiento de la renta individual, sin embargo, fue minúsculo. La diferencia entre lo que ingresaba en 1974 y en 2007 fue sólo de 47 dólares al año. Es más, mientras la renta del 1% de la población (top income) era 12 veces el promedio del 90% de la población en 1974, en 2007 pasó a ser 42 veces mayor (datos del informe “Reversing The Great Tax Shift” del Institute for Policy Studies, abril de 2009). Este 1% de la población que goza de mayor renta son los miembros de lo que en EEUU se llama la Corporate Class, término que se utiliza en lugar de la expresión más europea de “burguesía”. Pero lo que es todavía más llamativo es que el 10% con mayores ingresos de este 1% (es decir, los super ricos) han visto crecer sus ingresos a niveles astronómicos, llegando a ser sus rentas 500 veces superiores al promedio de renta del 90% de la población.

 

Una causa que ha contribuido a esta situación han sido las políticas fiscales llevadas a cabo en la mayoría de aquellos países. La enorme disminución de la progresividad fiscal, que ha beneficiado principalmente a las rentas superiores, ha sido uno de los factores que han facilitado más tal concentración de las rentas. El presidente Obama está intentando subir la tasa de impuestos de los más ricos, recuperando el 39,6% que tenían antes de que Bush lo bajara. Pero, aun cuando consiguiera que el Congreso aprobara este aumento, hay que darse cuenta de que este porcentaje es la mitad (sí, repito, la mitad) de lo que tales ricos pagaban durante la Administración Eisenhower en los años cincuenta.

 

Esta situación ha creado un gran malestar entre la población, que considera en su mayoría que las desigualdades sociales hoy son excesivas (alrededor de un 72% de los ciudadanos de los países de la OCDE). Porcentajes semejantes de la población añaden que tales desigualdades no están basadas en el mérito. La mayoría de las poblaciones de tales países no cree que nuestras sociedades sean meritocráticas. Consideran que los ricos consiguen su opulencia (en parte heredada) a base de contactos políticos y sociales que facilitan la acumulación de sus rentas y bienes. De ahí que consideren injustas tales desigualdades. Como consecuencia de esta percepción, han aparecido en muchos países movimientos de protesta en contra de los ricos y de la ostentación de la riqueza. En un editorial, el Financial Times aconsejaba a los banqueros dejarse la corbata y el traje a rayas en casa, medidas que sugería para su protección (02-06-09).

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mapa-del-hambreArtículo d’Ariane Arpa, publicado en el diario Público el 23/11/09. 

 

La agricultura es probablemente la actividad humana que más depende del clima. Nuestros abuelos miraban al cielo para calcular el momento de la siembra. Hoy, en Bangladesh, Mohammad Iliasuddin trata de seguir la enseñanza de sus antepasados pero se queja de que “desde hace varios años el clima ya no coincide con lo que esperábamos tradicionalmente”.

 

Un problema similar sufre Florence Madamu, en Uganda, que asegura que “ahora la estación seca es más larga y dura hasta finales de septiembre, y cuando llueve lo hace tan torrencialmente que el agua destruye nuestros cultivos”. La evidencia científica se ha visto confirmada con los testimonios recogidos por Intermón Oxfam en los países donde trabajamos. Y el mensaje es siempre el mismo: con cambios de estación cada vez más impredecibles, lluvias erráticas y torrenciales, sequías más frecuentes y temperaturas extremas, cada vez es más difícil decidir cuándo sembrar o cosechar.

 

Y es que 150 años enviando gases a la atmósfera han alterado el ritmo de las estaciones y la temperatura del planeta. La ciencia nos dice que será muy difícil evitar un calentamiento de más de dos grados: el umbral hacia un cambio climático catastrófico e irreversible. La opulencia de una minoría tiene un precio demasiado alto e injustamente repartido. En las zonas templadas –donde están la mayoría de países industrializados– los inviernos más suaves y las lluvias más abundantes podrían incluso resultar favorables a la agricultura, al menos por un tiempo. Pero, cuanto más cerca del Ecuador, más acusado y dañino será el impacto.

 

En las regiones más castigadas las cosechas disminuyen, las plagas y enfermedades se extienden y la falta de agua mata de sed al ganado. Tres de cada cuatro personas que sufren la pobreza viven en estas latitudes y dependen de la agricultura y ganadería para su subsistencia. Los riesgos que enfrentan son demasiado altos, y su capacidad de adaptación, limitada. La producción de cereales en el África Subsahariana, casi carente de sistemas de riego, podría caer a la mitad de aquí a 2080 a causa de la sequía. Mientras, los temporales, cada vez más frecuentes en el sudeste asiático, inundarán muchos arrozales.

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Article de Josep Playà, publicat a La Vanguardia el 24/11/2009.monturiol

Hace ahora un año, la casa de subastas Lamas Bolaño puso a la venta un lote de 103 cartas de la familia de Narcís Monturiol. Adquirido entonces por la Biblioteca de Catalunya, las cartas se exponen ahora por primera vez en una muestra que llega con motivo del 150 aniversario de la botadura del Ictineu, el submarino diseñado por Monturiol. La conmemoración se celebra con dos exposiciones complementarias, una en el Museu Marítimde Barcelona –Inmersión. La conquista del fondo del mar–, centrada en los avances científicos a partir del Ictineu,yotra en el Museu de l’Empordà de Figueres –Una voz entre utopía y realidad–, donde se repasa la compleja biografía de Monturiol con aportaciones inéditas, como las citadas cartas y otros documentos.

 

Se han publicado numerosos estudios sobre Narcís Monturiol (Figueres, 1819-Barcelona, 1885), pero las cartas encontradas vienen a rellenar ciertos huecos de una biografía que es también la del siglo de las utopías y del progreso técnico. Ingeniero autodidacta, periodista, pintor, diputado a Cortes durante la I República, socialista utópico, pero sobre todo inventor, Monturiol sufrió los vaivenes políticos de su época y se vio obligado varias veces a huir de Barcelona y refugiarse en Francia y en Cadaqués, una población a la que entonces prácticamente sólo se llegaba por mar.

 

Uno de los documentos expuestos en Figueres es precisamente el discurso de gracias que Monturiol dirigió al pueblo de Cadaqués, en julio de 1861, para agradecer la acogida dispensada. Un amigo suyo, Víctor Carlé, asegura que fue en Cadaqués, viendo como los buzos que buscaban coral arriesgaban sus vida en cada descenso, cuando se le ocurrió la idea de fabricar una máquina capaz de bajar al fondo del mar. Fue el 28 de junio de 1859 cuando por fin el Ictineu I, tripulado por el propio Monturiol, Josep Oliu y Josep Missé, bajó hasta unos 50 metros en el puerto de Barcelona.

 

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levistraussArticle de Carlos Elordi, publicat a El Periódico el 22/11/09.

 

 

Encara que tots els experts coincideixen a afirmar que cap dels problemes del Pròxim Orient, del món àrab ni, evidentment, el contenciós amb l’Iran es resoldran sense aconseguir alhora avanços importants en la qüestió palestina, la premsa occidental sembla haver-se oblidat de l’assumpte. El fet que el rotatiu Le Figaro li dediqués dimecres el seu primer editorial és excepcional. Que potser també es pot entendre per l’interès de la presidència francesa, recentment renovat amb la visita de Nicolas Sarkozy a l’Iraq, de jugar un paper rellevant en aquesta zona del món en què des de fa més d’un segle la diplomàcia de París ha estat, d’una manera o d’una altra, molt present.

 

I és que l’editorial de Le Figaro, un diari sempre fidel a l’esperit tan poc proamericanista de la dreta francesa –encara que no en la seva versió més agra–, es limita a criticar la política nord-americana sobre el tema: «L’esperança que havia despertat el discurs que Barack Obama va pronunciar al Caire el 4 de juny passat s’ha dissipat en menys de sis mesos. En absència d’una orientació diplomàtica clara per part dels Estats Units, els israelians i els palestins han tornat a una espiral d’accions unilaterals que únicament pot servir per agreujar les tensions. Fins i tot el diari israelià Haaretz diu que Benjamin Netanyahu s’aprofita de la ‘debilitat del president nord-americà’. Fa la impressió que Barack Obama ha perdut el control de la situació». Gairebé faltava afegir-hi que Nicolas Sarkozy pot omplir aquest espai.

 

Una altra de les rares aportacions occidentals al debat sobre el Pròxim Orient la feia diumenge passat Andrew Sullivan des de les pàgines del Sunday Times. I no gaire lluny de la línia expressada per Le Figaro, encara que en aquest cas no negant la possibilitat que el panorama canviï a mitjà termini: «Des que va arribar al Govern, l’objectiu de Netanyahu ha estat molt simple: neutralitzar la presidència d’Obama. I en aquests primers mesos, ha aconseguit una clara i decisiva victòria tàctica. Israel, per ara, guanya i sembla disposat fins i tot a humiliar el nou president nord-americà. Un petit país, que cada any rep tres milions de dòlars dels Estats Units, és capaç d’anul·lar el primer moviment decisiu del seu president al Pròxim Orient».

 

Es diria que fins i tot això li està sortint malament a Obama. Aquesta setmana, la premsa nord-americana –certament, uns diaris més que els altres– l’acusava d’haver tornat de Pequín amb les mans buides. En aquests mateixos diaris, es consolida la sensació que l’anunciat i moltes vegades endarrerit pla d’acció a l’Afganistan no servirà de gaire cosa. «Obama ha fallat al món en el canvi climàtic», deia així mateix aquest dijous el setmanari alemany Der Spiegel.

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